Un buen anuncio es información en el orden correcto: qué es la vivienda, qué la hace destacar, qué hay alrededor y en qué condiciones se vende. Escribir uno para cada propiedad lleva tiempo, y los compradores ya han aprendido a saltarse frases como «espectacular» o «imprescindible verla».
Pega lo que ya sabes —dormitorios y baños, metros cuadrados, año de construcción, reformas, aparcamiento, cuotas de comunidad— y, si quieres, añade hasta seis fotos. Obtendrás un título y una descripción pública lista para un portal inmobiliario, o una publicación para Instagram y Facebook. De las fotos, el texto solo toma lo que se ve con claridad, como una cocina luminosa o un vestidor.
El redactor nunca inventa cifras, distancias, colegios ni situación legal, sigue las pautas de Fair Housing (no discriminación en vivienda) y omite cualquier mención sobre quién debería vivir allí. Debajo del texto encontrarás frases breves para los pies de foto y una lista de datos que los compradores suelen preguntar y que no incluiste.